Conozca los ritos mas heréticos de Semana Santa

Taxco, México

En el estado de Guerrero, unos 100 km al sudoeste del D.F., esta ciudad minera se hizo famosa por su extraordinaria orfebrería de plata. En Semana Santa, sin embargo, toda la atención se la lleva una de las procesiones más dramáticas de la región, cuando cientos de penitentes -hombres y mujeres- recorren las calles encapuchados, descalzos o arrastrando cadenas que llevan sujetas a sus tobillos.

Algunos de ellos, los encruzados, cargan pesadísimos rollos de espinas en sus hombros, mientras los llamados flagelantes se azotan la espalda con látigos rematados con clavos, hasta dejarla en carne viva. Ni un gemido, ni una queja. Al término de la procesión, los flagelantes tienen dos enormes llagas sangrantes en las espaldas, una postal más propia de The Walking Dead que de la pasión de Cristo.

 

El Salvador

En el Salvador, más exactamente en pueblos como Texistepeque y Chalchuapa, el Lunes Santo es el día de los talcigüines, una curiosa tradición que refeleja el mestizaje entre indígenas y españoles, con elementos propios de cada cultura. Se trata de una representación teatral en la que los diablos o talcigüines -una veintena de encapuchados vestidos de rojo- toman las calles y se lanzan a azotar con látigos verdaderos a cualquiera que se cruce en su camino. Se dice que, por cada latigazo que se recibe, un pecado menos, por lo que son muchos los que se dejan azotar para no arder en las llamas del infierno. Al final, los endemoniados terminan postrándose ante la presencia de Jesús, quien pasa de cuclillas por encima de ellos. Final feliz.

Nicaragua

A una hora de Managua, en la ciudad de Masatepe se celebra una peculiar ceremonia conocida como Los Judíos de Masatepe. Los judíos son representados por cientos de jóvenes vestidos con ropas coloridas, máscars y gorros que, cadenas en mano, salen a las calles para encontrar y castigar a personas disfrazadas de Judas, arrastrándolas por las principales arterias de la ciudad.

Paralelamente,las aguas del lago Cocibolca son invadidas por más de 40 botes adornados con flores y frutas tropicales, listos para participar del popular vía crucis acuático, donde cada islote visitado representa una estación.

Florencia, Italia

Cuenta la leyenda que un florentino conocido como Pazzino de Pazzi fue el primero en trepar la muralla de Jerusalén en tiempos de la primera cruzada, llevada a cabo para liberar el Santo Sepulcro de las manos infieles. Como recompensa por este acto de valentía, su comandante le dio tres piedras de la Iglesia del Santo Sepulcro, que Pazzi llevó a Florencia y usó para encender el Cirio Pascual del Sábado Santo.

La tradición de encender un fuego santo que recorriera la ciudad se transformó en una concurridísima fiesta popular cargada de pirotecnia. En ella, un gran carro adornodo con flores y escoltado por 150 soldados y músicos vestidos a la vieja usanza, es tirado por dos bueyes blancos desde la Plazoleta del Prado hasta la Iglesia de los Santísimos Apóstoles. Una “paloma” (representada en realidad por un cohete ), enciende los fuegos artificiales contenidos en la carroza, dando lugar al scoppio o explosión.

La tradición dice que si el encendido resulta perfecto y la “paloma” vuelve hasta el altar sin dificultad, a Florencia le espera un año próspero (de hecho, la fiesta ha atraído desde siempre un gran número de campesinos que esperan los auspicios de buenas cosechas). La última vez que la vuelta de la paloma no llegó a buen fin fue en 1996, precisamente el año de la inundación.

Fuente: La Nación